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Carreteras con mucho calor, neumáticos preparados para el asfalto caliente

El mantenimiento de un coche es una carrera de fondo que dura 365 días, pero hay momentos del año en los que hay que prestar especial atención.

La mecánica, la batería, la carrocería o el interior son algunos de los componentes a los que los conductores prestan especial atención cuando las temperaturas son extremas.

Sin embargo, hay una parte que se descuida a pesar del ser elemento de seguridad más importante del coche y de cómo le afectan los episodios de calor.

Hay algunas partes del vehículo que deben hacer frente a elevados niveles de estrés cuando cumplen su función: el calor lleva esta situación al límite. Este efecto se agudiza cuando el asfalto, que es una superficie con una notable capacidad para absorber el calor, llega a los 70 grados o incluso los supera.

Con el mercurio en ese nivel, el sufrimiento de los neumáticos es evidente: se desgastan con mayor rapidez. Las extremas temperaturas asociadas a un episodio de calor no solamente afectan al caucho: también al aire del interior y al metal de la llanta. La consecuencia final es un incremento de los pinchazos y los reventones.

Se suele decir que los neumáticos son el elemento de seguridad más relevante de un vehículo, porque son los únicos que tienen contacto directo con el asfalto. Esto provoca que la presión se incremente por el calor y este exceso es un peligroso enemigo.


El calor extremo y una excesiva presión

Cuando la presión de una rueda está por encima del nivel indicado por el fabricante, se desgastará, sobre todo, por el centro de la banda de rodadura. Además, la amortiguación filtrará peor las irregularidades del asfalto, la distancia de frenado será mayor y tendrá menos agarre en curva.

Si esto tiene lugar en un neumático que no está en buenas condiciones, el exceso de presión puede derivar en un reventón: la estructura está dañada y la carcasa puede ceder.


Baja presión y temperaturas elevadas

Si, por el contrario, la presión de los neumáticos está por debajo de la cifra adecuada, la carcasa no contará con la rigidez necesaria para mantener la forma del compuesto y se deformará. El deterioro se producirá en los extremos de la banda de rodadura y, al mismo tiempo, la frenada será irregular, el coche será más inestable en las curvas y, además, se incrementará su consumo.

Si, en este estado, las ruedas deben moverse sobre un asfalto que está a más de 70 u 80 grados, se puede producir un sobrecalentamiento y, también, un fallo estructural. El final de la historia es el mismo que en el caso anterior: un reventón.

Cómo preparar las ruedas para el calor

En cualquier momento del año, todos los conductores deben llevar a cabo un correcto mantenimiento de los neumáticos de su vehículo: inspecciones visuales, comprobar que no hay anomalías como abolladuras o cortes y verificar, una vez al mes, que la presión es la recomendada.

Este valor es especialmente relevante en verano o en episodios de calor para evitar reventones o pinchazos. En este escenario, es posible circular con la presión mínima siempre que el conductor vaya solo: si va acompañado o con equipaje, deberá ser la indicada por el fabricante. De esta forma, se consigue un desgaste uniforme y se reducen las posibilidades de sufrir un fallo estructural.

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