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Estres conduciendo, comportamiento en el conductor Seguridad vial, Neumaticos low cost

En la sociedad actual estamos constantemente aprensivos por el paso del tiempo, con el temor de llegar continuamente tarde y la consecuente sensación de estar bajo presión. Sin embargo, conducir es una actividad compleja y los tiempos de viaje no dependen solo de nosotros y nuestras prisas. Por eso es necesario conducir con la actitud correcta: solo así podemos evitar errores de valoración y conductas inapropiadas.

La seguridad de nuestros viajes, de hecho, depende de muchos factores.

Cómo afectan el estrés, el tiempo y las prisas a la seguridad en la conducción

En el lenguaje común, muy a menudo, el término «estrés» se usa incorrectamente y se confunde con la percepción de un «estresor». El primero hace referencia a la respuesta de nuestro organismo ante un estímulo estresante, mientras que los estresores definen cualquier situación-estímulo que se pueda producir, ya sea positiva o negativa.

La reacción que constituye el estrés invierte todo el organismo y es sumamente útil porque favorece la adaptación de la persona a los eventos negativos repentinos, contribuyendo a la supervivencia y se denomina eustrés. Por otro lado, cuando la reacción de estrés es demasiado intensa o el estímulo negativo se prolonga, las variaciones en el organismo pueden estabilizarse, predisponiendo al individuo a las dificultades. En estos casos hablamos de estrés crónico o angustia. La respuesta del cuerpo a los factores estresantes se desarrolla en 3 fases:

  • Alarma: el cuerpo trata de reconocer el estímulo y trata de adaptarse a él;

  • Resistencia: el cuerpo y la mente intervienen a través de una reacción biológica compleja;

  • Si el estímulo estresante persiste, el cuerpo se queda sin energía, y entra en la última fase, denominada agotamiento.

     

Prisa: el peligroso aliado del exceso de velocidad

Viajar incluso unos pocos kilómetros por hora por encima del límite permitido puede ser fatal. Teniendo en cuenta los tiempos de reacción y las distancias de frenado de los vehículos, de hecho, la alta velocidad puede provocar la colisión de un peatón o una colisión trasera. Muchos accidentes de tráfico son causados por conductores que no se comportan de manera imprudente, pero lamentablemente reflejan hábitos de velocidad inapropiados comunes a la mayoría de los usuarios de la vía. La velocidad inadecuada asociada a las distracciones se convierten, por tanto, en las principales causas de los accidentes de tráfico. En consecuencia, la velocidad debe adaptarse constantemente a:

  • Rango de visibilidad;

  • Condiciones de la carretera y del clima;

  • Obstáculos o peligros previsibles.

A 65 km/h el coche recorre 18 metros en el intervalo psicotécnico (tiempo de reacción), luego otros 25 metros al frenar. A 50 km/h el coche recorre 14 metros en el intervalo psicotécnico y unos 15 metros de frenada, o sea 10-15 metros menos. Puede deducirse que los excesos de velocidad aparentemente modestos afectan gravemente a la capacidad de frenar un coche. Unos cuantos kilómetros por hora más pueden marcar la diferencia, porque al duplicar la velocidad, ¡los metros necesarios para detenerse se triplican!

Seguridad en la conducción: prisa y velocidad afectan a los más débiles

Cuando tenemos prisa parece que quien ocupa nuestro carril es culpable de hacernos perder el tiempo. ¿Por qué competimos? El Sistema Competitivo o Súper Competitivo se activa cuando se hace necesario definir posiciones de dominio o sumisión ante la presencia de un recurso limitado, el tiempo. Las emociones que uno siente son ira, miedo si creo que el otro tiene mayores capacidades, si soy derrotado aparece la vergüenza, que a su vez es seguida por la humillación y la tristeza.

En el vencedor pasamos de la ira a un sentimiento de triunfo orgulloso, que puede mezclarse con el desprecio por el perdedor. Si decidimos hacer una maniobra precipitada para ganar el desafío prioritario y ganar unos segundos más, podríamos exponer a los más débiles del camino a grandes riesgos.

Para pasar de la competencia a la acción cooperativa, se debe crear un período intermedio donde emerja la tolerancia y la confianza, donde pueda abrirse paso un principio moral: el deber de defender a los más débiles en la calle. El principio de defender a los más débiles nos hará sentir más justos, íntegros y conectados entre nosotros.

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