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Neumáticos para lluvia, frenado

El asfalto mojado disminuye la adherencia y obliga al conductor a frenar antes. Una precaución imprescindible para evitar accidentes.

Cuando empieza el otoño, la lluvia hace su aparición sobre las carreteras y perjudica el agarre de los vehículos sobre el asfalto. Origen de no pocos accidentes, el agua será entonces un factor de riesgo que los conductores deberán conocer y prevenir adecuadamente.

Cuando se habla de distancias respecto a la frenada, lo primero que hay que hacer es diferenciar tres conceptos diferentes.

El primero es la distancia de frenada propiamente dicha, que expresa el recorrido del vehículo desde el momento que se acciona el freno hasta que se para.

A continuación, se considera la distancia de reacción, que es el trecho que se recorre entre el momento en que el conductor percibe el peligro o el obstáculo en su trayectoria y cuando comienza a frenar.

Normalmente, se tarda apenas un segundo en pisar el freno, pero es muy frecuente que factores externos como la fatiga, las distracciones (teléfono principalmente) o el efecto de alguna sustancia (alcohol, drogas, medicamentos) aumenten de forma drástica este lapso de tiempo necesario para pasar el pie derecho desde el pedal del acelerador hasta el de freno.

En tercer lugar, se habla de la distancia de detención, que no es más que la suma de la distancia de frenada y la distancia de reacción. Es el recorrido total que se completa entre la percepción de la eventualidad en el tráfico que provoca la frenada hasta la detención completa del vehículo.

La distancia de frenado depende directamente de diversos parámetros, que pueden alterarla de forma importante y que también habrá que tener en cuenta. El primero es la velocidad del vehículo, que la incrementa en una proporción geométrica: si se multiplica la velocidad por dos, la distancia de frenado necesaria lo hará al menos por cuatro.

Cómo saber la distancia necesaria para detener el coche

El siguiente factor por orden de importancia es la adherencia de los neumáticos sobre el asfalto. En el caso de lluvia, la distancia de frenado será el doble que con la carretera seca y la distancia de detención se multiplicará por 1,5.

Las características del propio vehículo también influyen directamente a la hora de frenar. Así el peso es determinante a la hora de contrarrestar la energía cinética que genera el coche en movimiento. Además, la calidad o el desgaste de los neumáticos también serán decisivos para conseguir una distancia de frenado segura. Así como el estado de los amortiguadores y de los propios frenos, cuyo funcionamiento es vital para garantizar la seguridad del vehículo.

¿Y cómo se puede calcular la distancia de detención? Sobre asfalto seco y como un indicativo general basta multiplicar por sí mismas las decenas del número de la velocidad a la que se circule. Por ejemplo, a 60 km/h el cálculo será 6×6=36 metros, que serán los necesarios para detenerse. Y si se viaja por autopista a 120 km/h, para parar habrá que contar como mínimo con 12×12 metros (144).

Con agua en la calzada lo mejor es reducir la velocidad

En el caso de que esté lloviendo, esas mismas distancias de detención se alargarán significativamente. En concreto, habrá que multiplicarlas por 1,5: si en seco hacían falta 144 metros para frenar a 120 km/h, con el suelo mojado será necesaria una distancia bastante más larga: 216 metros.

Lo más importante al conducir con lluvia es prevenir la progresiva disminución de la adherencia en cuanto empiezan a caer las primeras gotas. Como recuerda la DGT, circulando a 60 km/h el agarre de los neumáticos disminuye un 20% cuando el asfalto está húmedo. Si está mojado, desciende hasta el 40%. Pero cuando la lluvia se intensifica, su eficacia será solo del 50% en comparación con cuando se circula con tiempo seco.

Disminuir la velocidad con lluvia será vital para la seguridad: a 90 km/h, en los casos anteriormente descritos la adherencia de los neumáticos sobre el asfalto disminuirá respectivamente en un 30, un 60 y hasta un 90%.

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