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Válvulas para neumáticos La importancia de cambiar las válvulas de las ruedas

Cualquier conductor está concienciado para sustituir los neumáticos al final de su vida útil, pero ¿qué pasa con las válvulas?

Los automóviles están compuestos por un sinfín de piezas. Se calcula que en un coche actual hay entre 75.000 y 95.000 elementos, dependiendo de su nivel de equipamiento. Pero las únicas que están en contacto con el suelo, de entre toda esa amalgama de componentes, son las gomas. Los neumáticos mantienen la interconexión entre el vehículo y el asfalto.

Los amortiguadores, los frenos y los neumáticos componen el denominado ‘triángulo de la seguridad’ y son los encargados de proporcionar la estabilidad y el control sobre el vehículo. Es por eso, que estos elementos hay que sustituirlos dentro del tiempo recomendado por los fabricantes y no estirar su vida útil.

Sobre todo los neumáticos, que según las indicaciones de los expertos y, dependiendo del tipo de conducción que se realice, tienen un ciclo de vida que va desde los 40.000 a los 60.000 kilómetros. Aunque existe una forma sencilla de saber que se acerca el cambio de gomas. Así, cuando la profundidad del dibujo de la banda de rodadura se encuentra por debajo de 1,6 milímetros, es el momento de pasar por el taller. Y con las válvulas, ¿qué sucede?


Válvula Schrader o americana

La inmensa mayoría de las válvulas empleadas en los neumáticos se denominan Schrader o americana. Toman su nombre de August Schrader, inventor de esta válvula en 1891. Se componen de tres partes: un cuerpo de goma o metálico, un tubo metálico, con rosca interior y una tuerca que evita la entrada de suciedad.

Su principal función es mantener un nivel constante de presión en el neumático. Permite un fácil hinchado, pero también el vaciado de aire, sin alterar su estructura. Además, el tapón de plástico evita que la suciedad y el agua entren en su interior, bloqueándola o contaminando las superficies de sellado. Esto puede provocar pérdidas de presión.


Válvula dañada

Es muy importante mantener el buen estado de las válvulas de los neumáticos, incluida la de la rueda de repuesto. Cuando una válvula está dañada, expone al neumático a una pérdida de estanqueidad, redundando en la seguridad del vehículo. De hecho, una válvula mínimamente dañada puede tener pérdidas de presión de entre 0,2 y 0,7 bares semanales.

Cuando un neumático pierde presión influye notablemente en el desgaste prematuro del dibujo de la banda de rodadura, afectando, por ende, a los frenos y suspensiones. Además, alarga la distancia de frenado, llegando a ser un 20% superior en firmes deslizantes, lo que implica un riesgo para la pérdida de control del vehículo, aumentando exponencialmente la probabilidad de sufrir un accidente.


Sustituir las válvulas

Cada vez que se van a sustituir los neumáticos, los talleres especializados suelen ofrecer la posibilidad de cambiar las válvulas. Aunque aprovechar cada cambio de neumáticos es alargar en exceso su vida útil. Según los especialistas consultados, estas se deben mínimo revisar cada año y sustituir cada dos años, si son las clásicas de goma y cada tres años, si son de metal y cuentan con refuerzo adicional.

La sustitución de las válvulas no afecta al bolsillo del usuario, pues son de las piezas más baratas de las que dispone un vehículo. Dependiendo del taller, de las ofertas y del material con el que estén construidas, pueden costar entre 10 y 25 euros por rueda.

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