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Tanto los coches como las motos deben mantener las ruedas equilibradas para evitar inercias que comprometan la conducción y la seguridad.


Cuándo un vehículo sale de fábrica, todas sus piezas están perfectamente ensambladas y puestas a punto para una óptima utilización. Aunque ciertos mecanismos necesitan de un tiempo para acoplarse y ofrecer su pico de rendimiento, otros, con el paso de los kilómetros, van perdiendo su operatividad y hay que volver a ajustarlos.

En el caso de las llantas de los vehículos, con el uso y el desgaste comienzan a generarse vibraciones que, a la larga, pueden comprometer la seguridad de los ocupantes. Las llantas comienzan a desplazar su centro de gravedad y esto (a través de las vibraciones) acaba transmitiéndose a todo el vehículo y son asimiladas por la suspensión, la dirección o el chasis

Para entender lo que una pequeña variación o desequilibrio en una llanta puede acabar transfiriendo al vehículo, es como si se pega un pedazo de chicle al aspa de un ventilador de techo. Con el pequeño peso de la goma de mascar se varía el centro de gravedad del ventilador y este comienza a vibrar de forma violenta terminando por desencajarlo de su eje.

En las llantas el principio es el mismo, por eso hay que acudir a un taller especializado a que realicen un equilibrado.


Cómo se produce el desequilibrio en las llantas

Como se acaba de indicar, el conjunto llanta-neumático viene equilibrado de fábrica. Con el paso de los kilómetros comienza a producirse el desequilibrio del eje, y la goma se gastará mucho antes. Una rueda mal equilibrada puede reducir la vida útil del neumático a la mitad. Los principales motivos que generan desequilibrio en las ruedas son:

  • Impactos en la llanta o en la goma.

  • Frenazos muy bruscos.

  • Franquear badenes y socavones a alta velocidad.

  • Golpes en la llanta contra los bordillos.

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